Me fui, me fui de allí sabiendo que mis huellas
se quedarían para siempre en aquel inmenso desierto, sabiendo que mi alma se
escondería en cada rincón de la ciudad, y de tu ser, me fui sabiendo que lo que
más echaría de menos, serian tus medias sonrisas, esas que me vuelven loca, tu
mirada la primera vez que nos vimos, y la cara que puse, de niña que no ha roto
un plato en su vida, pero la verdad, es que fue un intento fallido de disimular
lo que sentí al ver tus ojos, esos que me miran con orgullo, ternura y deseo,
tus labios, y su forma de recorrer los míos cada noche, cada día, como si fuera
la primera vez, cada susurro, cada roce... Y, sabes qué es lo que más duele de
todo esto, que me fui, me fui dejándote mi recuerdo sin saber si volvería a abrazarte.
-La dueña de la pluma.
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