martes, 1 de enero de 2019

Tú y Yo


Estamos sentados en mi cama, arrodillados, sin decirnos nada, solo nos miramos. Yo, te he llamado pidiéndote que vinieras, pero no te he dicho por qué. A ti, te ha faltado tiempo para venir, tú, que seguramente estabas estudiando para aprobar el examen de esa asignatura que tanto te cuesta. Ahora, hay un nudo en mi garganta que no me permite hablar, una barrera dentro de mí, que tú respetas, hasta que una lágrima empieza a caer por mi mejilla, entonces, no aguantas más y me abrazas, rompiéndola. “Es que… mi her… mano es un cap…», sollozo yo, «Lo sé, no tienes que decir nada», me dices tú, mientras mojo el hombro de tu camiseta con mis lágrimas, mientras intentas ser una esponja que absorba todo lo malo a base de caricias en la espalda. No sé cuántos minutos han podido pasar, pero seguimos abrazados. Yo sigo llorando, tú, tú sigues estando…ahí. Te separas un poco de mí, para secar con cuidado los restos de unas lágrimas que parece que han cesado, pasando tus dos dedos pulgares por las pestañas de mis ojos cerrados. «Gracias», digo, con un hilo de voz. Tú, me acaricias la barbilla, haciendo que me acerque a ti otra vez, pones la mano izquierda en mi mejilla y con la otra, me deshaces la coleta que me he hecho esta mañana antes de ir a clase, poco a poco te me acercas más. Yo, tengo las manos apoyadas en tus hombros. Tú, bajas la mirada hacia mis labios y me vuelves a acariciar la barbilla, tus labios se abren paso entre la poca distancia que nos separa y rozan los míos. Nos separamos un milímetro para ver nuestras caras, los dos tenemos la misma sonrisa. Yo, te rodeo el cuello con mis brazos, te atraigo hacia mí y te vuelvo a besar, abriendo los labios. Tú, respondes a mi beso con otro, los dos tenemos ganas de deshacernos dentro del otro. tus manos van a los botones de mi camisa, los desabrochas poquito a poquito, dejando un camino de besos por mi cuello. Te juro que ahora mismo, no hay sensación más liberadora que esta, la de sentir el roce de la ropa mientras me ayudas a quitármela, te lo juro, es como si me estuviera quitando un peso muy grande de encima. Yo, apoyo las manos en tu pecho, pasándolas por debajo de tu camiseta, quitándotela. Me tumbas, acariciando lentamente mis caderas, y, me doy cuenta de que, cada vez que nos escuchamos coger aire después de un beso, nos morimos de amor, de que, tu piel y la mía son tan diferentes, pero encajan tan bien. Entonces, me pregunto por qué tuvimos tanto miedo de querernos, sí cada vez que nuestras manos se rozan, el mundo se para, si cada vez que suspiro en tu oído, te derrites, y a mí me pasa lo mismo cuando lo haces tú, no lo entiendo y creo que nunca llegaré a hacerlo. Por si aún te quedan dudas, déjame decirte que, si ahora mismo pasara algo y el mundo volviera atrás en el tiempo, volvería a pasar todo lo que he pasado contigo, porque, he comprendido que «Tú y yo», es la frase más bonita que se le puede susurrar al oído a alguien.
                                                                                             -La dueña de la pluma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario